viernes, 24 de febrero de 2012

Un día...

-¿Tienes miedo?
+¿Qué?
-¿Que si tienes miedo?
+Si, si, te he oído pero ¿a qué te refieres? Tengo miedo a las arañas ya lo sabes.
-No. No me refiero a eso. Me refiero a otro tipo de miedo. Del que no puedes huir. De ese que tienes dentro. Si ves una araña puedes huir de ella pero del miedo al que me refiero no. Lo tienes dentro y no puedes hacer nada.
+Pues no, creo que no.
-Pues yo si.
+¿Y a qué tienes miedo?
- A despertarme una mañana y haber cambiado completamente. A ser diferente, a que las cosas cambien. Tengo miedo a tantas cosas que a veces me paralizo. Hay días que me despierto de madrugada temblando de absoluto pánico. Ya ya se que estoy loca.
+ No, no lo estas, se a que te refieres.
Cuando ella preguntó él supo desde el primer momento a que se refería. Pues es que había noches en las que él se despertaba desesperado y miraba el móvil y volvía a leer los mensajes que ella le había mandado para ver que no había sido un sueño, que ella existía y lo que tenían también. Esto jamás se lo confesaría por eso de que dicen que en una relación el que quiere más es el más vulnerable. Y él no quería ser vulnerable. Pero lo era.
Por que su mayor miedo, ese del que no podía huir, del que llevaba por dentro era despertarse una mañana y que ella se fuese. Cambiase de opinión y nunca más la volviese a ver.
Asique se puede decir que tenían el mismo miedo. Ambos temían el cambio.
Todo el mundo en cierto modo lo tiene...

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